¡Hola! Yo soy Bady, aunque a veces me llaman Badylito, Badylinchi, Badylon, o incluso Pitufo. No sé por qué tantos nombres, pero todos me gustan, porque siempre vienen acompañados de caricias o alguna sonrisa.
Tengo once años ya, aunque sigo pensando que soy un cachorro… solo que me canso un poco antes de terminar las carreras. Llegué a mi hogar un mes de verano en el año 2014.

Nací en un terreno, rodeado de barro, mis hermanitos y un montón de olores nuevos. Éramos una camada revoltosa, todos con ganas de comernos el mundo, pero el señor del terreno no nos quería. Yo no entendía por qué.
Luego cuando me quisieron encontrar casa las primeras veces nadie me quería a mi, era porque tenía los ojitos claros, pero yo pensaba que eso me hacía ver el mundo con más luz, ellos me decían que de mayor sería sordo y ciego. Por suerte, una casa de acogida nos cuidó. Mis hermanos encontraron familia muy rápido, y yo me quedé esperando… hasta que un día llegaron ellos.
Vivía entonces en Luceni, y dicen que fue una casualidad enorme que justo ese día esa familia tuviera que ir allí, a ver a los abuelos. Pero yo no creo en las casualidades: yo creo que estaba escrito. Porque cuando me cogieron en brazos por primera vez, supe que esa era mi gente. Me quedé quietecito, dejando que me abrazaran, y pensé: “vale, ya está, ya encontré mi casa”.

Ese mismo día me mojé entero con el agua del cuenco (no lo hice aposta, lo juro) y me dormí una siesta en casa de los abuelos. Luego vino un viaje en coche en el que dormí casi todo el rato y, cuando abrí los ojos, estaba en mi hogar. Lo que no sabía es que allí me iban a tratar como a un rey.
Comparto vida con 2 humanos mayores que son Carlos y Nines, los cuales me dan de comer y me dan mimos, pero con quien mejor me lo paso es con mis otras dos humanas Esther y Chisa que son las que más me consienten.

De pequeño era un trasto. Mordía los muebles y al principio quería merendar a mis hermanos animales, sobre todo a Ricardo el conejo y Trufi el hamster.

La primera vez que fui al parque descubrí la hierba, y… ¡ay, qué gusto daba! Me quedé sentado sin moverme, solo sintiendo cómo el suelo me hacía cosquillas. En casa me encantaba dormir en las escaleras, aunque más de una vez me caí soñando. Luego aprendí que la cama de mi humana Chisa era mucho más cómoda —y sobre todo, más calentita.
He tenido muchos compañeros en la vida: gatos, hámsters, conejos e incluso reptiles. Ahora solo quedo yo, pero llevo conmigo un pedacito de todos ellos. Me enseñaron a compartir, a tener paciencia y, sobre todo, a pedir mimos en el momento justo, casi se me olvida decir que me enseñaron que no se comen.
Si quiero caricias, le doy con la pata a mi humano Carlos hasta que deja de mirar la tele y me hace caso. Funciona siempre. También me gusta estar cerca cuando cocinan, por si se les cae algo (hay que estar atento, nunca se sabe). Y cuando vivía mi abuela… ay, ella me decía que era su nieto favorito. Siempre me daba un trocito de chorizo a escondidas, aunque los demás hacían ver que no se daban cuenta, ella era mi abuela favorita porque también quería comerse al conejo.

Tengo que confesar algo: le tengo miedo a los caracoles. Sí, ya sé que soy un perro grande, pero esos bichitos babosos… no sé, se mueven raro, seguro que mi amigo Raúl me ayuda a entenderlos un poco.
A lo largo de mi vida he aprendido que las cosas que más me gustan son las más simples: tomar el sol, sentir el viento, chapotear en el agua. Me encanta bañarme en las acequias, meter las patas, salpicarlo todo y luego tumbarme a secar al sol. Ese es mi momento feliz.

Durante mucho tiempo no salía mucho de casa. Solo disfrutaba de verdad cuando íbamos al pueblo, que es mi lugar favorito.

Pero hace unos meses todo cambió. Conocí al equipo de Mr. Hueso y además de explicarles cosas a Chisa me han puesto un arnés super cómodo y una correa larga que me da la via, y desde entonces mis paseos son otra historia. ¡Qué aventuras! Con ellos me siento libre, olfateo mil cosas nuevas, me muevo sin prisas pero con alegría.
Y, lo mejor de todo, hice dos grandes amigas: Cuca y Peca. Son mis compis de batallas, de correr, de oler, de ser perro sin preocupaciones.

Ahora, cuando me tumbo al sol después de un paseo feliz, cierro los ojos y pienso en todo lo que he vivido. Desde aquel terreno lleno de barro hasta este momento tranquilo en casa, rodeado de amor. No me falta nada.
Solo me gusta pensar que, si pudiera decir una cosa con palabras humanas, sería: gracias.
- Gracias por elegirme, por no fijaros en mis ojitos claros sino en lo que había detrás.
- Gracias por dejarme ser parte de la familia, por las siestas, por el chorizo de la abuela, por cada paseo feliz, por cada “buen chico”.
- Y gracias, sobre todo, por seguir caminando conmigo en esta segunda vida, aunque ya no corra tanto como antes.
Yo soy Bady. Y esta es mi vida —feliz, soleada, llena de barro, mimos y amor.
Muchas gracias Bady, si nos gusta mucho ayudar a cualquier perro muchísimo más a perros que descubrís la felicidad siendo ya mayorcitos y tenéis la oportunidad de disfrutar al máximo vuestra última etapa de la vida.
Un placer compartir contigo paseos y aventuras.
A tu familia, por haber sido seleccionados en el Concurso del año 2025, para ser los protagonistas del mes de agosto en el Calendario Mr. Hueso 2026, les regalaremos una alfombra olfativa que te viene genial para tu estimulación sensorial y cognitiva.
En el mes que sois protagonistas tendremos las siguientes formaciones Paseos Felices:
- Curso teórico, online en directo, el sábado 8 de agosto de 10 a 13:30
- Paseo grupal en Zaragoza, el domingo 9 de agosto de 10 a 13
- Paseo grupal en Navarra, el domingo 23 de agosto de 10 a 13

