PerroAventurasaparece Rumba, una cachorra de labrador, con un palo en la boca

Rumba fue la primera perra con la que viví en una casa, como se entiende normalmente vivir con perros. Y mis errores y mis aciertos se los debo a ella, por lo que debe ser la protagonista de la primera PerroAventura de Mr. Hueso.

 

Nací con características que impedían mi venta, no cumplo con los “estándar de mi raza”, mi madre era una perra con la que pasé pocos días y para la que yo ya era una de sus decenas de descendientes.

Pero yo esto no lo sabía, yo no entendía que hacía sola en aquella jaula mientras oía que cerca había muchos perros, luego me dijeron que ese sitio se llamaba criadero de perros, pero que hay buenos, regulares, malos y malísimos. A mí me tocó en uno de los malos por desgracia.

 

Pasaban los días y debían de darme poca comida porque estaba muy delgada, sobre todo si lo pienso ahora con el culete tan majo que tengo.

Una tarde alguien vino, el hombre que llevaba aquello y otro hombre que alguna vez había visto por allí. El hombre de aquella fábrica de perros me sacó y le dijo que se me llevara, que no me podía vender y que le causaba un gasto.

Junto a otros dos cachorros nos metieron en un maletero, en un transportin. Casi no cabíamos y nos daba miedo, no sabíamos qué iba a pasar, pero seguro que era mejor el destino que el origen de nuestro viaje.

 

Aquel coche se movió durante una hora hasta que se paró, el hombre se bajó y abrió la puerta. Allí había una chica joven preciosa, de unos 25 años.

Aquella chica me dijo “hola Rumba, que bonita eres”. Que diferencia! aquella chica me había dado más cariño en un minuto que quienes había conocido en mis pocos meses de vida.

 

Rumba, una labradora amarilla muy delgadita

 

Comenzó una vida muy bonita, me fui a vivir con aquella chica que me puso el nombre de Rumba, ella se llama Sandra y vivía con una hermana cuyos muñecos yo disfrutaba arrancando brazos y ojos, una abuela que venía los sábados a comer y que se enfadaba cuando jugaba a hacer agujeros a su abrigo, una madre que tenía unos potos majísimos, con muchos años, y que yo podaba y con un señor de mediana edad, el señor Miguel, que me llevaba a pasear por muchos sitios, ya que él comenzaba su jubilación y yo mi vida feliz.

 

morrito rosa de Rumba cachorra

 

Ah, también había periquitos pero me daba igual, no querían jugar conmigo ni yo con ellos, no sabían jugar a cosas divertidas.

Pasé un año en aquella casa y a veces nos íbamos de excursión con su novio, que ahora dice que va a poner mi historia en su página web, algo de Mr. perro o algo así me han dicho.

Pues resulta que nos fuimos a vivir con este chico, Raúl se llama y que guay, porque tenía un gato en su casa y así yo me lo pasaba genial, podía jugar con él a cosas divertidas, aunque creo que él prefería, como los periquitos, jugar a cosas de gatos y no de perros.

 

Canuto frente a Rumba en el sofá

 

Hasta aquí mi primer año de vida más o menos, en otros capítulos os seguiré contando mis aventuras, si quieres conocerme yo estoy viva y deseando conocer a personas y animales nuevos, a lxs que ayudo a ser mucho más felices, así que díselo al Mr. este y vemos como lo hacemos, guau!!

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