SincericidiosSalsa, labradora chocolate, tumbada mirando

Basta con dar un vistazo a las redes sociales, dar un paseo por parques destinados para perros o en eventos relacionados con los animales, para encontrarte a personas que conviven con animales que declaran sentir mucha empatía y amor hacia los animales.

 

Hoy mismo, día de San Antón, patrón de los animales, cuántas imágenes has visto de personas acudiendo con sus animales a la iglesia, «porque les quieren mucho».

 

Convivir con animales y hacerlo bien no es fácil ni sencillo, quien lo afirme está cometiendo un grave error que lo acaban pagando los animales.

 

Como en muchas cosas en esta vida debemos tener un sentido crítico hacia nosotros/as mismos/as para razonar y evaluar si lo que hacemos es adecuado, ya que posiblemente en algún momento descubramos que había errores y confusiones en nuestra forma de actuar.

 

Saber querer no es fácil y no se trata solamente de desear querer sino de aprender a querer.

 

Salsa, un labrador tumbado calmado

 

Os dejamos algunos ejemplos que quizás descubras que tu mismo/a los estás haciendo y justificando, hay muchísimos más que también en Mr. Hueso hicimos sin saber hace años, esperamos que te hagan reflexionar este artículo de nuestra categoría Sincericidios:

 

 

Cuando decides que tu perro se queda en casa metido en una jaula, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras le ayudarías a disfrutar de su casa y de la soledad.

 

Cuando paseas con tu perro y eliges impedir que tu perro se salude con otros perros, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras le ayudarías a mejorar sus habilidades sociales.

 

Cuando compras material de paseo para tu animal y decides comprar un collar martingale para que no se escape, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras le ayudarías a no sentir la necesidad de escapar y utilizarías un arnés antiescape que no le moleste y evite cualquier posibilidad de que se escape.

 

Cuando eliges para alimentar a tu animal comida de mala calidad o no adecuada para sus características, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras tratarías de que su nutrición fuese sana y apta para el animal.

 

Cuando vas a la clínica veterinaria en la que tu animal no sale contento, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras buscarías hasta encontrar la clínica en la que tratasen a tu animal como se merece.

 

Cuando compras/adoptas/separas animales de forma temprana, antes del momento adecuado, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras te informarías cuándo y cómo es adecuado separar un animal de su madre y camada, para no afectar a su desarrollo y su bienestar.

 

Cuando llevas a tu animal o a un animal de tu protectora a un evento lleno de estímulos que no es capaz de gestionar, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras jamás expondrías a lo que implica una inundación para su cerebro, sus aprendizajes y sus emociones.

 

Cuando paseas a un animal de protectora con un collar de ahogo, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras trabajarías que aceptase la colocación de un adecuado material de paseo para facilitar la futura adopción y sus paseos.

 

Cuando contratas a un profesional que utiliza el miedo y/o el dolor como métodos de aprendizaje, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras rechazarías que tu o cualquier persona los ejerciese hacia el animal.

 

Cuando planificas tus viajes sin contar con tu animal y le llevas a una residencia o casa canguro, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras le ayudarías a disfrutar de los viajes y siempre los planificarías en familia.

 

Cuando decides que los paseos de tu perro sean siempre similares, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras enriquecerías sus paseos y le ayudarías a conocer nuevos lugares y nuevos perros.

 

Cuando esterilizas a un animal con miedos, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras nunca jugarías con sus hormonas cuando las necesita para trabajar y solucionar sus miedos.

 

Cuando decides dar en adopción o acogida un animal a una familia incompatible u ocultando o cambiando parte de la historia no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras te preocuparías porque su nueva familia tuviese toda la información real y pueda cubrir sus necesidades.

 

Cuando posas con tu perro en las fotos dándole abrazos o besos, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras respetarías su incomodidad y comunicación.

 

 

Cuando eliges un cachorro para que tus hijos/as puedan jugar con él, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras adoptarías o comprarías un animal que fuese capaz de lidiar con los errores de tus hijos/as.

 

Cuando das consejos a otras personas sobre su animal que a ti no te funcionaron o empeoraron la situación, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras nunca difundirías consejos equivocados y/o peligrosos.

 

Cuando difundes bulos sobre animales en redes sociales, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras no fomentarías la desinformación.

 

Cuando realizas con tu animal las técnicas que viste en un programa de adiestramiento de la televisión, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras jamás chillarías o pegarías a tu animal.

 

Cuando no le dejas olfatear o curiosear las cosas que encuentra por la calle, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras fomentarías su olfateo y que aprendiese a elegir si lo que ha encontrado es peligroso o no.

 

Cuando decides cortar el pelo a tu animal cuando llega el calor, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras seguirías las indicaciones de un/a buen/a peluquero/a canino/a que previamente te hubieras interesado en buscar valorando la calidad frente al precio.

 

Cuando colocas empapadores para los orines en tu casa, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras realizarías los paseos que fuesen necesarios para instaurar o mantener sus hábitos higiénicos adecuados.

 

Cuando le das medicación o productos «para calmar sus miedos», no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras trabajarías todo el año para que esas circunstancias no le provocasen miedo.

 

Cuando paseas a tu perro con correa corta o flexi, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras vuestros paseos siempre serían con una corra cómoda para el animal, que facilitase sus comportamientos naturales.

 

 

Cuando coges en brazos a tu perro, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras siempre le permitirías libertad de movimiento ante cualquier circunstancia.

 

Cuando cortas las uñas de tu gato, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras fomentarías la estimulación ambiental de tu gato para que utilizase sus uñas y las mantuviese sanas.

 

Cuando decides realizar tu labores que corresponden a profesionales de la veterinaria o la peluquería canina para evitarle ir a estos/as profesionales, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras le ayudarías a que sus visitas a estos/as profesionales fuesen agradables, ya que su salud depende de ello.

 

Cuando rechazas invertir dinero y/o tiempo en aprender a cuidar tu animal, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras entenderías que invertir en aprender a cuidarle y a convivir te ahorrará mucho más dinero del que inviertas.

 

Cuando decides convivir con más animales de los que eres capaz de atender, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras rechazarías añadir otro animal a tu familia para atender correctamente a los que ya conviven contigo.

 

Cuando atacas a personas que no aman a los animales, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras buscarías como convivir con el resto de la sociedad de forma armoniosa, por el bien de las personas y de los animales.

 

Cuando sueltas a tu perro en un lugar permitido, pero causando molestias a alguna persona o animal, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras nunca decidirías que tu derecho está por encima del de otra persona u animal.

 

Cuando paseas sin prestar atención a los comportamientos de tu animal, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras aprenderías sobre comunicación canina y observarías sus comportamientos para evitarle problemas a tu animal y a otros animales y personas.

 

Cuando dices que un animal es dominante o sumiso, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras sabrías que hace décadas que esa teoría está demostrada que es incorrecta.

 

Cuando juegas a tirarle la pelota a tu perro en el parque, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras en vez de provocarle ansiedad y estrés realizarías paseos de calidad.

 

Cuando tu esfuerzo por su bienestar se centra en techo, agua y comida, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres. Si le quisieras no decidirías meter a un perro en una casa o un chenil sin tener garantizado antes poder cubrir todas sus necesidades.

 

 

Cuando dices que le quieres mucho pero haces cualquiera de estas cosas u otras que afectan a su salud física o emocional, no lo haces porque le quieres, sino porque quieres.

 

Si le quieres nunca dejes que sean tus carencias emocionales, problemas personales, falta de conocimientos o dejadez, lo que tome las decisiones en vuestra convivencia.

 

 

Te invitamos a realizar nuestro test para evaluar la felicidad de tu perro, si quieres nos puedes enviar tus resultados.

 

 

 

 

Porque no es fácil saber querer, puedes contar con los servicios de Mr. Hueso y con nuestras formaciones para aprender a hacerlo, estaremos encantados/as de ayudaros.

 

 

 

 

 

 

 

8 comentarios

  1. Buen artículo Raúl, me alegra ver que muchas de las aptitudes que algunas personas critican con mi perrita las explicas aquí. Un ejemplo, cuando nos encontramos con algún perrete arisco o agresivo con muchos ladridos opto por distrerla o jugar con la mía en vez de tironear, gritar o desesperarme.

    Podría alargarme muchísimo y me encantaría charlar en persona, pero por ahora debo decir que me alegra mucho haberte leído y que cumplo punto por punto con todo lo que has escrito. Que gustazo.

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